Cadáver de perro en callejón esta mañana, marca de rueda en el estómago. Esta ciudad me teme, he visto su verdadero rostro, las calles son canales extendidos, están inundados de sangre; y cuando las heridas cicatricen por fin, todas las plagas se ahogarán, los restos acumulados de todo el sexo y homicidios les llegarán hasta la cintura, las prostitutas y los políticos gritarán mirando al cielo “sálvanos”, y yo murmuraré “no.
— Diario de Rorschach. 12 de octubre, 1985